martes, 28 de junio de 2016

Escrito: El vals de los muertos

El que no puede sentir, el que desconoce la excitación,
soy como la sombra de el rey de los lagos,
soy el que vive en los sueños de amantes difuntos,
recogiendo en cada gotera pasiones perdidas.

El gato se viste de gala,
maulla sonidos espectrales calando profundo en mi alma,
bañando en esperanzas y recuerdos cada rincón de este frío desván,
invitándonos a su fúnebre festival.

Es un coro armonioso, el titilar de las velas, el danzar del incienso,
la vieja cortina que acompaña en falsete al candelabro,
es emocionante sentir que se suman los ratones al baile, las mariposas al vals,
suave, y mas suave,
mis manos mecen el viento como dirigiendo una orquesta,
esperando que entres en éxtasis al danzar de las sombras.

Tengo el alma rajada, y tu ríes embriagada de lujuria,
añejas mi sangre en tu vientre,
campanas rojas brotan de tus pechos,
el trabajo de mantenerme muerto parece imposible
¡es porque soy un hipócrita!

Unimos nuestras almas eternas arrastrándonos por los pasillos del corredor,
el sexo de dos llamas etéreas, el deseo de los penados,
saltando sobre los cuadros, subiendo por las chimeneas,
el acto más inmoral en la balada más grotesca.

Libera tu alma, come mi carne, rompe mis huesos,
solo deseo ser parte de ti,
antes que amanezca y las almas se fuguen al averno,
y olvides mis ojos, que hoy encontraron el significado de la vida,
aun cuando hemos muerto hace mucho tiempo atrás.


Escrito: La Rebelión

De mis cuerpo corren rápidos,
cada fragmento de mi destruido corazón,
cabalgan veloces por mi vientre,
se deslizan por mis piernas,
huyen de la tortura de mi alma tirana.

Se escuchan a lo lejos, gritos y murmullos de dolor,
la sangre que escupen en llanto,
el mal trato de mis penas candentes,
el hedor del cadáver, mi amor.

Solo me vio morir, secar mis manos en pena y dolor,
solo me vi aprender que las palabras son frágiles piezas de porcelana,
y se quebraron sobre mi clavando sus astillas en mi espalda.
Solo me vio extender mis manos cual mendigo pide pan,
solo me vi recibiendo la indiferencia cruda de su desamor.

Se escuchan a lo lejos, gritos de guerra y protesta,
cada pieza maldita de mi se encoleriza y tiembla.
La paciencia no puede contener al tiempo,
la paz desea la venganza,
y así cada cumulo de mi humanidad se levantó ante mi pena.

Solo sentí la tibia mano de la Dignidad sobre mis heridas, 
consolándome cada atardecer de invierno,
invitándome a abrazar mi calvario,
a respirar mi putrefacción y lo entendí.

El demonio hace agujeros en los corazones,
donde ella introduce sus dedos,
como a propósito, rasguña la profundidad de la entraña,
haciendo sangrar las ilusiones de un amante condenado.

Más la virgen, la hermosa de manos tibias, no lo permite,
perfuma tu cabeza, deja caer sobre ti ropaje nuevo,
viste tu debilidad con armadura buena,
te levanta y limpia todo veneno.

No temas alejarte de la sirena, dulce y maldita;
no seáis como los perros a quienes golpean una y otra vez,
y estos vuelven pensando que es así su suerte lamentable,
vuelven a dormir bajo la mesa deseando las patadas de su amo otra vez.






jueves, 23 de junio de 2016

Tus Objetivos

Hace mucho mucho tiempo, por allá el año 2003, mi maestro al que admiro mucho me contó una breve historia que nunca más olvidaría, lo contaré con mis palabras ya que como mencioné, fue hace mucho...

En una tierra muy lejana, vivía un maestro alfarero y un joven pupilo en una humilde y precaria hacienda. El maestro era conocido por todo el pueblo por crear piezas de greda muy originales aunque no muy finas, el discípulo criticaba constantemente el trabajo del maestro y muchas veces lo miraba en menos a pesar que el maestro día a día se esforzaba en encontrar la técnica perfecta que los sacaría de su pobreza.