Tú, que ciegas a tu hombre entre sabanas y delirios celestes
Entre botones e inocentes roces cada amanecer
¿Tendrás el valor de que cuando gobierne Febrero tu ventana,
Liberar mis tobillos de tus violáceas cadenas?
Ciertamente es muy bella,
Seducción marchita de pena
Relicario de sueños arrojados fuera y como una expiación,
Azotados contra tu hermosa coraza carmesí.
El poeta quiso vivir su juventud, como reconstruyendo el vacío
Una y otra vez asintiendo su obra maestra
Y no era nada, y no era nada.
Despeja de mi corazón tus amargos laureles que solo seducen al dolor
Tus recuerdos, reviven tu furia, tu poder...
Antiguos cumplidos, besos muertos en tu vientre
Pequeños mordiscos bajo tus pechos,
Ropas que como miel escurrían de tu piel, vestigios de lo que fue...
Y no volverán a ser.
Mi dama vestal, profeta del amor
Solo tengo mis poemas, mis flores del dolor
Que amparan cada palmo del cuerpo mío.
Un candelabro oxidado ilumina la habitación donde lloré
En noches de otoño me habla y dice: "Ilumino tu posada,
Para que no seas carroña de las sombras, oh pequeño.
Porque de cierto te digo; Cada poeta es un niño golpeado por amor"
Y así dormí, embriagado de lamer mis lágrimas grisáceas
Vociferando lamentos inmorales,
Mordiendo mi almohada, como afirmándome a la cordura
Esperando que sus ojos volviesen a vestirme de cálidas ropas
Y sedienta de lujuria me despertase otra vez.
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